Obra interactiva

Tres piezas de El opuesto humano que se completan con quien las usa. Cada una pone a prueba una pregunta de la investigación: cómo nos clasifica una máquina, cómo juzgamos la autoría de una imagen y qué responde un archivo cuando se le interroga.

Silueta de una persona hecha de números y símbolos, con la lectura PERSONA 93 %

Pieza con cámara

El aparato decide qué eres

Un sistema de visión lee tu cuerpo y lo traduce a datos desde cuatro focos: económico, biopolítico, estético y geopolítico. Al final emite un dictamen.

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Cuatro obras del archivo en cuadrícula

Ejercicio de percepción

¿La hizo una IA?

Seis obras de mi archivo. Frente a cada una decides si la hizo una inteligencia artificial. Después se revela el proceso de cada imagen.

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Vista del Laboratorio Vivo: una ciudad isométrica con agentes que conversan

Archivo conversacional

El Laboratorio Vivo

Ocho agentes construidos sobre el archivo de la investigación. Responden preguntas y citan los documentos de los que parten.

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Por qué obra interactiva

En esta investigación la pregunta no se responde solo con texto. Estas piezas ponen a quien las usa en el lugar de lo observado: medido por una máquina, obligado a decidir qué es humano o frente a un archivo que habla. Lo que cada persona experimenta también es parte del proyecto.

Privacidad

El aparato procesa tu imagen solo en tu navegador: no se graba ni se envía nada. El ejercicio de percepción no guarda tus respuestas; solo cuenta, de forma anónima, cuántas personas lo completan y cuántas vieron IA. Las cifras del aparato son inventadas a propósito: esa es la crítica, no hay mirada neutral.